Del lat. agricultūra, f. Agr.

El cultivo de la tierra o el arte de cultivar, beneficiar y hacer producir la tierra. La agricultura es la única actividad económica verdaderamente fundamental e indispensable. Apareció en la prehistoria y ocupó un lugar preeminente en numerosas civilizaciones. Los romanos tuvieron ya una importante literatura sobre tema agrícola (M. Porcio Catón, Varrón, Columela, Virgilio, Paladio). Durante la Edad Media la agricultura permaneció estancada en la práctica tradicional, ampliada en el s. XVI con la introducción del cultivo del Nuevo Mundo (maíz, patata, tabaco, tomate). A principios del s. XIX se inició la fase científica de la agricultura: el avance de la ciencia biológica (bacteriología, ecología, genética, bioquímica), la edafología, la mecánica industrial, etc., determinó el gran progreso técnico de la agricultura (abono químico, análisis del suelo, selección del simiente, etc.). Además de profunda modificación en la organización agrícola y la economía agrícola, que han motivado, en parte, intrincado problema sociológico y político (despoblación del campo, colonización interior, reforma agraria), todo lo cual contribuye a dar a la agricultura de nuestro tiempo una fisonomía propia. Alrededor de la agricultura se ha constituido una ciencia aplicada en la cual cabe distinguir cuatro ramas: la agronomía, que se ocupa del clima y el terreno en que la planta se desarrolla; la fitotecnia, que estudia la exigencia de la planta y la manera de satisfacerla; la industria rural, que estudia la industria a que tradicionalmente se dedica el agricultor (vinicultura, mantequería, quesería, elayotecnia, etc.), y economía rural, que se ocupa del aspecto económico de la explotación agrícola. El proceso de la ciencia agrícola (agronomía y agroclimatología), el estudio del suelo (edafología), la aplicación cada vez más general del medio mecánico y especialmente la exportación del método de cultivo intensivo a los países subdesarrollados, etc., son aspectos importantes en el proceso de evolución de la agricultura y aumento de la productividad agrícola a escala mundial. La característica más importante de la agricultura moderna es la gran productividad de todo factor de la producción, especialmente la tierra y la mano de obra. El riesgo clásico, como la helada, pedrisco, plaga, enfermedad son cada vez más previsible y en numerosos casos subsanable. La investigación agrícola es una actividad plenamente rentable. Nueva variedad de planta más productiva, más adaptable al diverso clima, más resistente al factor parasitario; nueva técnica de cultivo, poda, labor, sistemas de protección; tratamientos fitosanitario cada vez más eficaz y más duradero; razas de animales más productivo, más resistente a la enfermedad, son resultado obtenido por laboratorio y el investigador en el campo. Con ello se consiguen rendimiento por unidad de superficie que era inconcebible hasta hace pocos años. Los países más desarrollados han pasado a tener graves problemas de excedente en la principal producción. El progreso ha sido espectacular y ha llevado a una paulatina reducción de la población agrícola (en países desarrollados es inferior al 10%). Una gran parte de la faena agrícola la realiza ya casi enteramente la máquina, otras más complejas están en fase de investigación y, si la máquina no llega a realizarla totalmente, colabora con eficacia. Ciertos cultivos (cereal, forraje, patata, algodón, etc.) se pueden realizar mecánicamente desde la preparación del terreno, pasando por el abonado, la siembra, la escarda mecánica o química, el riego, el tratamiento, hasta la cosecha. Todos estos factores han variado el concepto de la explotación agrícola. El agricultor se convierte en empresario agrícola. La buena marcha de su explotación requiere una gestión racional, y la nueva técnica contribuye a hacerla posible.

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