Del gr. βλάστημα, m. Biol.

Conjunto de células embrionarias que, mediante su proliferación, llegan a constituir cada uno de los tejidos orgánicos diferenciados.
En su sentido prístino, en 1815, el embrión de las plantas superiores, abstracción hecha de los cotilédones, por consiguiente, el tallito y la radícula con la plúmula (Mirbel).
En 1838, se quiso indicar con este vocablo la masa blanca de consistencia entre sólida y líquida, cuya porción fluida parece ser, propiamente hablando, la parte primitiva, y en la cual se multiplican las granulaciones hasta que, finalmente, se ve aparecen en ella una configuración orgánica embrionaria (Burdach).
En 1876, también durante la primera mitad del siglo XIX, se le consideró como una materia viscosa interpuesta entre los elementos histológicos, capaz de organizarse en células conjuntivas y fibras elásticas.
En 1876, se dice respecto a estas ideas, que no existe en histología vegetal un solo ejemplo de blastema excretado fuera de las células capaz de dar nacimiento a formaciones figuradas secundarias…. (Sutailly, Dict. Baillon).
Se concretó entonces el significado de este vocablo para referir a toda substancia organizada, amorfa, apta para transformarse en elementos figurados, tanto si se vierte entre elementos preexistentes como si persiste en el interior de los mismos. Esta llamada hipótesis de Ch. Tobin, aceptada en la segunda mitad del siglo pasado, ha tenido también que ser abandonada más tarde.

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