Del lat. scientĭa. f. Sist.

Conjunto del conocimiento objetivo (exacto o aproximado) de las cosas, obtenido por medio del razonamiento ordenado, al aplicar método de observación y método de experimentación. De este estudio se deduce la existencia de ley, la cual tiene validez en condición determinada, y se elaboran hipótesis cuyo objeto es explicar y dar coherencia a un conjunto de sucesos experimentados. El valor de estas hipótesis se verifica, a su vez, por medio de la experimentación. Actualmente la ciencia se concibe como un sistema coherente del conocimiento objetivo elaborado mediante un método racional adecuado (experimental e hipotético-deductivo). Cada ciencia particular se distingue no solo por el objeto estudiado, sino también por lo que estudia de este objeto y cómo o con qué método lo estudia. La clasificación de estas ciencias dependerá del criterio de división que se adopte. Según un criterio práctico y de utilidad pueden agruparse en ciencias puras, que se centran en el conocimiento teórico de las cosas (matemáticas, física, química, biología, etc.), y ciencias aplicadas, que buscan un aprovechamiento práctico de dichos conocimientos (agricultura, ingeniería, medicina, etc.). Según otro criterio más metodológico, se pueden distinguir las ciencias descriptivas (astronomía, anatomía, geografía, etc.) de las ciencias deductivas (matemáticas, física, etc.). Puede considerase que la historia de la ciencia empieza en Grecia (s. VI a C), donde buscó por primera vez una explicación del mundo en términos racionales, naturalistas o materialistas. La labor de los romanos se basó en la conservación y la síntesis. Los árabes recogieron el caudal científico-filosófico griego de Oriente y, a partir del s. XI, lo reintrodujeron en Occidente, a la vez que hacían su aportación importante en el campo de las matemáticas y de la alquimia. El Occidente cristiano medieval cultivó preferentemente la teología. A partir del s. XVI, con los descubrimientos geográficos, el crecimiento demográfico y las innovaciones técnicas, se inició una revolución científica que abarcó tres siglos (XVI-XVIII). La revolución científica dio origen a una nueva concepción del mundo heliocéntrica y dinámica frente a la antigua inmovilista y geocéntrica, gracias sobre todo a Copérnico, Galileo, Brahe y Newton, y a una nueva metodología científica basada en la observación, experimentación, inducción y matematización y a la introducción del método hipotético-deductivo. En esta época se desarrollaron la anatomía, la fisiología, la biología, la física, la astronomía, la óptica, etc. La Revolución Industrial del s. XIX impulsó y transformó la ciencia, hasta entonces académica, en un conocimiento cada vez más vinculado a la producción y a los intereses de la sociedad. En el s. XIX, también iniciaron su desarrollo las ciencias sociales y del hombre en general (etnología, sociología, psicología, economía, historia, lingüística, etc.). El desarrollo de las ciencias ha continuado en el s. XX con su entrada, a gran escala, en la industria y con la creación de centros de investigación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.