Del lat. competitĭo, -ōnis, f. Sociol. Dep. Biol.

Acción y efecto de competir, y más propiamente en materia del deporte (competencia, disputa, rivalidad, lucha, enfrentamiento). La competición es la acción en la que una persona o grupo rivaliza con otra u otras para conseguir una meta que tal vez sea establecer una posición de superioridad sobre la otra, o una meta en la que la derrota de los demás en un sentido persona es una consideración secundaria. La competición es una fuerza de motivación poderosa que se puede dirigir contra el valor del otro, el propio de esa persona, o una combinación de los dos. Por lo general, hay cierta preocupación sobre el efecto de someter al joven a competición frecuente, porque, aunque muchas situación de la vida favorecen la competición, muchas otras requieren cooperación. En el deporte, la prueba o certamen en el que se selecciona a un ganador entre dos o más participantes: en el deporte la competición es directa, está formalizada y se regula socialmente (situación competitiva objetiva y situación competitiva subjetiva). En biología, la interacción que tiene lugar entre dos o más organismo, población o especie que comparten algo, cuando ese algo escasea (competencia). La competición es un importante motor en la evolución: las plantas, por ejemplo, se tornan más altas para competir por la luz, y los animales desarrollan mejor sistema para encontrar alimento. Se puede llegar al enfrentamiento directo entre el competidor, como ocurre entre el percebe, que lucha por un espacio en la roca. O se llega a una limitación en la capacidad de fecundación en situación de recurso limitado. La competición puede darse entre miembros de una misma especie (competición interespecífica) o entre miembros de diferentes especies (competición interespecífica). La competición interespecífica suele derivar en el dominio de una especie sobre otra (dominante). Dado que la competición siempre termina por el desplazamiento de uno de los competidores, en la naturaleza hay tendencia a evitar la competición en la medida de lo posible. Así, con el tiempo, se tiende a que el competidor esté geográficamente o ecológicamente separado, lo que proporciona el cambio evolutivo; la competición por el apareamiento puede llevar a la selección sexual.

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