De heter- y el gr. ἄνθος, f. Bot.

Se dice de las plantas que no tiene todas las flores de la misma forma o tamaño. Así, son heterantas las compuestas típicamente radiadas, como la margarita (Leucanthemum) y la bellorita (Bellis), porque tienen las flores periféricas liguladas y de color blanco o rosado, y las centrales, flosculosas y amarillas; lo son también muchas tubulifloras, como los azulejos (Centaurea cyanus), por que las flores marginales del capítulo son mayores que las del centro; las de los carraspiques (Iberis) y las de muchas umbelíferas, porque son tanto más marcadamente zigomorfas y de corolas tanto mayores cuanto más próximas se hallan al borde de la inflorescencia. Las plantas diclinas, es decir, las que tienen flores unisexuales, así como las que tiene estériles algunas, es natural que, en sentido lato, se consideren como heterantas. Sin embargo, Goeble, al designar con el nombre de heterantia el conjunto de fenómenos de polimorfismo floral, se ha referido especialmente a todos aquellos casos en que los pseudantos y las inflorescencias de toda clase cobran mayor atractivo como aparatos de reclamo por la presencia flores de aspecto más vistoso junto a otras de menos apariencia, aunque no siempre pierdan aquéllas sus facultades fructíferas o poliníferas.

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