Del gr. μετὰ [τὰ] φυσικά; después de la física, f. Filos.

Disciplina filosófica que trata del ser en cuanto tal, y de su propiedad, principio y causa primera. Varias han sido las concepciones de la metafísica a lo largo de la historia, en función, a menudo, del objeto que se le ha atribuido. En Aristóteles el objeto de la metafísica es el ser como ser (la sustancia o Dios); en la escolástica medieval es el ente; en la época moderna se originan modificaciones más importantes: según Descartes, la metafísica trata del problema transfísico y de la primera verdad. Hume, con su crítica del principio de causalidad y de la noción de sustancia, dejó a la metafísica sin objeto. Kant, influido por la crítica de Hume, quiso estudiar la posibilidad de la metafísica, y llegó a la conclusión de que la metafísica no puede ser una ciencia teórica sino solo postulado de una realidad moral. En continuidad con el positivismo del s. XIX, el neopositivismo y la filosofía analítica del siglo XX (desde Wittgenstein y el Círculo de Viena hasta el empirismo lógico) se esfuerzan por mostrar que la proposición metafísica carece de todo sentido, porque ni presenta la característica de la proposición fáctico-material, empíricamente verificable, ni de las proposición lógico-formal, evidente en su pura tautologicidad, ni pueden ser deducida o inducida de ninguna proposición válida en ninguno de los órdenes mencionados. Los fallos tanto semántico como sintáctico que el lenguaje metafísico revelaría a un riguroso análisis científico obligan a considerarlo meramente expresivo del sentimiento humano, respetable en sí mismo, pero de nula significatividad científica. Parecida actitud crítica se encuentra en la diversa tendencia filosófica del estructuralismo.

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