De proto- y el gr. φυλλόν, m. Bot.

En el fenómeno de la helicomorfia, las hojas correspondientes al estado juvenil de la planta reciben el nombre de protofilos, para distinguirlas de las que echa el vegetal ya adulto, que son los metafilos. Los protofilos son muy a menudo de morfología más simple que los metafilos, como se observa en muchas leguminosas, que empiezan produciendo hojas simples, luego las dan pinnaticompuestas y después bipinnaticompuestas. En otros casos sucede lo contrario, y tenemos protofilos de forma más complicada que los metafilos, como en muchas especies del género Acacia, que al principio echan hojas compuestas y luego metafilos filodiales. Si existen uniformidad en la producción foliar durante toda la vida de la planta, por lo menos morfológicamente no puede hablarse de protofilos y metafilos. En estos casos ocurre, generalmente, que la forma adulta surge en la planta desde el principio de su desarrollo; otras veces, sin embargo, acontece lo contrario, y las formas foliares juveniles, los protofilos, perduran a través de todas las fases vegetativas del vegetal, como vemos en alguna gesneriáceas (Monophyllea), en que no ya el protofilo, sino uno de los cotilédones empieza por desarrollarse más que el otro y persiste como única hoja durante toda la vida de la planta. Ver helicomorfia, heterobástico, homoblástico, metafilo.

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