Del lat. sexus, m. Psicol. Bot.

Conjunto de características de un animal o una planta por las que se distingue entre individuo macho y hembra que producen célula sexual (o gameto) masculino o femenino. Dícese del órgano sexual o reproductor, especialmente los externos. En psicología, diferenciación genital que distingue al macho de la hembra; es un elemento biológico más manifiesto en la determinación de la personalidad (sexología y sexualidad). En botánica, la planta que produce gámeta masculino pertenece al sexo masculino; la que engendra gámeta femenino, corresponde al sexo femenino. Los vegetales inferiores no tienen sexo, porque carecen de reproducción sexual isógama, que no permite distinguir macho o hembra. Los antófitos se califican de masculino cuando poseen estambres y producen micróspora; de femenino, si tienen carpelos y engendran macróspora. En realidad, el sexo de los antófitos corresponde a la espora (grano de polen o saco embrional recién formado) y al reducido protalo que de ellas deriva; pero la sexualidad, a causa de una falsa homologación, ha trascendido al vegetal esporóforo (al esporófito). En rigor, tampoco es adecuado el calificativo de hermafrodita aplicado a los antófitos que producen micróspora y macróspora sobre un mismo individuo (F. Q.).

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