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Es una enfermedad respiratoria infecciosa comunicada por primera vez en Asia y caracterizada por fiebre, tos seca y dificultades respiratorias, a menudo acompañadas de cefalea y dolores corporales. Se cree que es causada por una cepa de coronavirus y su gravedad oscila entre un cuadro leve y la muerte (SRAG; severe acute respiratory syndrome [SRAS]). Según parece, la infección se transmite por contacto estrecho con individuos infectados, por inhalación de núcleos de gotas que contienen el organismo o por contacto con líquidos corporales infectados: su período de incubación parece ser de entre 2 y 10 días. Los primeros signos son rápido desarrollo de fiebre (superior a 38 oC), cefaleas, escalofríos, rigidez y dolorimiento. Los síntomas de las vías respiratorias altas (mucosidad nasal y dolor de garganta) son poco recuentes. Tras un período de 3 a 7 días se presentan síntomas de las vías respiratorias bajas, como disnea y tos seca. En un 25% de los casos se registran náuseas, vómitos y diarrea. En los 7 días siguientes, los casos leves experimentan una remisión de los síntomas, en tanto que un 20% de los pacientes experimentan un progresivo deterioro respiratorio, con disnea grave, hipoxemia y SDRA (síndrome de dificultad respiratoria aguda): más de la mitad de estos pacientes requieren ventilación mecánica. Los pacientes que experimentan deterioro progresivo se ven expuestos a un riesgo elevado de insuficiencia respiratoria y muerte. Niveles elevados iniciales de lactato deshidrogenasa y de recuento de neutrófilos absolutos, así como una edad de más de 60 años, son factores predictivos de enfermedad grave y muerte. En cualquier caso sospechoso de SRAG es necesario proceder a aislamiento inmediato (debido a las gotas, el contacto y la transmisión respiratoria). En EE.UU., todos los casos sospechosos han de ser comunicados a las autoridades sanitarias locales y estatales, a los departamentos de sanidad estatales y a los CDC (Centro de Enfermedades Contagiosas). El tratamiento es en buena medida de soporte e incluye reposo, humidificación, rehidratación y oxígeno; el dolor se trata con analgésicos. La traqueostomía y/o la ventilación mecánica pueden estar indicadas para mejorar la función respiratoria. Existen indicios de que los corticoides pulsados pueden acortar el curso de la enfermedad.