Se aplica a la alteración del lenguaje en la que la capacidad de lectura de un individuo es significativamente inferior a su capacidad intelectual. Las pruebas revelan que el problema no se relaciona con un retraso mental, con la edad cronológica ni con una escolarización inadecuada, sino que se caracteriza por una lectura oral defectuosa, por una lectura lenta y por una comprensión disminuida.