Med.

La evaluación del estado general de los tegumentos de un paciente y de los factores o anomalías que puedan contribuir a la presencia de un proceso dermatológico. El personal de enfermería pregunta al paciente si sufre prurito, dolor, exantemas, ampollas o ronchas; si tiene normalmente la piel seca, grasa, fina, áspera, abultada o hinchada, o si nota calor, frío, descamación, cambios de color o aparición de manchas oscuras (de envejecimiento). Se observa si la piel está intacta, y su turgencia, elasticidad, temperatura, limpieza, olor, humedad o sequedad y color. Se anota la cianosis de los labios y zonas peribucales, o de las mucosas, lóbulos de la oreja o lechos ungueales, la ictericia de la esclerótica, la palidez conjuntival, la distribución pigmentaria y la evidencia de plétora. Se registra la presencia de exantemas, edemas, marcas de agujas, picaduras de insectos, surcos de sarna, acné, esclerema, decúbitos, lesiones urémicas en barba o cejas y las áreas de presión sobre prominencias óseas. En las uñas se examina si son quebradizas o si tienen estrías, carnificaciones o forma de cuchara, así como el estado del tejido que las rodea, por ejemplo, la presencia de dedos en palillo de tambor. También se anota la presencia y las características de máculas, pápulas, vesículas, pústulas, bullas, ronchas, verrugas, lunares, úlceras, cicatrices, escaras, queloides, petequias, lipomas, costras de exudados secos, escamas de epidermis muerta, excoriaciones, comedones o chancros.