Del lat. *actitūdo, f. Fís. Psicol.

Postura del cuerpo humano, especialmente cuando es determinada por movimiento del ánimo, o expresa algo con eficacia; postura de un animal cuando por algún motivo llama la atención. En física, es la orientación del eje de un proyectil en relación con un plano concreto de dirección o movimiento (posición angular). En psicología, es una característica relativamente estable que predispone a adoptar cierto comportamiento. La actitud, a diferencia del rasgo de la personalidad, no es disposición general, sino que se proyecta sobre objeto, persona o idea específico. Además de componente del comportamiento, la actitud posee componente afectivo y componente cognitivo. Por eso puede implicar creencia, como aceptar que, por ejemplo, correr es bueno para la salud; y tal vez comprendan sentimiento positivo o sentimiento negativo, como el que guste o disguste una persona: un entrenador puede ejercer gran influencia sobre la actitud de un deportista. Se puede adquirir una actitud concreta como instrucción directa, condicionamiento clásico y condicionamiento modelado. Sin embargo, una vez inculcada una actitud, quizá resulte muy difícil de cambiar: la actitud se mide con una escala de actitud (creencia, convicción, opinión, prejuicio, punto de vista).

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