Del lat. alterĭtas, -ātis, f. Filos.

La condición de ser otro. El concepto de alteridad se utiliza en sentido filosófico para nombrar al descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses de un otro. La alteridad hay que entenderla a partir de una división entre un yo y un otro, o entre un nosotros y un “ellos”. El “otro” tiene costumbre, tradición y representación diferente a la del “yo”: por eso forma parte de ellos y no de nosotros. La alteridad implica ponerse en el lugar de ese otro, alternando la perspectiva propia con la ajena. Esto quiere decir que la alteridad representa una voluntad de entendimiento que fomenta el diálogo y propicia la relación pacífica; por ejemplo, cuando un hombre judío entabla una relación amorosa con una mujer católica, la alteridad es indispensable para entender y aceptar las diferencias entre ambos. En cambio, si se registra una escasa alteridad, la relación será imposible ya que las dos visiones del mundo sólo chocarán entre sí y no habrá espacio para el entendimiento.

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